Lean Supply Chain: qué es y qué beneficios aporta al cliente final

La eficiencia de los procesos empresariales es uno de los aspectos que levanta mayor interés. Esto se debe a algo muy sencillo, mejorando la eficiencia, se reducen costes y los esfuerzos se centran únicamente en lo que el cliente o consumidor demanda. Es lo que se conoce como filosofía Lean, y cuando se aplica a la cadena de suministro, es cuando hablamos de Lean supply chain.

Lean Supply Chain: la cadena de suministro y la cadena de valor

La filosofía Lean surgió en el siglo XX en Japón, en las fábricas de Toyota y, desde ahí, se exportó al resto del mundo. Son muchos los aspectos que tiene en cuenta esta filosofía de trabajo. Sin embargo, a grandes rasgos, se puede definir como la tendencia a eliminar procesos que no aporten valor al cliente final. Es decir, la filosofía Lean se basa en analizar continuamente la forma de trabajo y, de esa revisión continua, se extraen las reformas que se pueden llevar a cabo para eliminar aquellos pasos o fases en las que el producto no mejora su valor, ya que, si no mejora su valor, solo aumenta su coste.

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Aplicada al sector de la logística (y muchos otros), la filosofía Lean pasa a ser Lean Supply Chain. Es decir, aplicar la filosofía Lean a la cadena de suministro hace que esta cadena se convierta en una cadena de valor. De este modo, los procesos logísticos no se entienden solo como fases de modificación del producto, sino como fases que le añaden valor para cuando sea entregado al cliente final. Todo lo demás es “waste” (desperdicio), y por lo tanto debe ser suprimido de la cadena para ser lo más eficientes posibles.

Lean Supply Chain: beneficios que aporta al cliente final

Se podría pensar en un principio que Lean Supply Chain está pensado únicamente para reducir los costes de producción de los productos. Al fin y al cabo, si se eliminan los pasos y procesos que no añaden valor al producto, también es lógico pensar que este producto será más barato. Sin embargo, hay que tener en cuenta que el punto de referencia de Lean Supply Chain no es el coste del producto, sino su valor, y esto solo se consigue mejorando la satisfacción que percibe el cliente cuando el producto llega a sus manos.

Es decir, aplicar Lean Supply Chain a la cadena de suministro puede reducir costes de producción, pero esto no debe hacerse a coste de reducir el valor. Hay que tener en cuenta que el objetivo final de esta filosofía es la de potenciar aquellos procesos que sí que aumentan el valor del producto, ya que es lo que al final repercutirá en la satisfacción de las necesidades del cliente. De este modo, si se eliminan pasos de la cadena de producción, debe ser únicamente porque dichos pasos no aportan valor al producto y, en consecuencia, al cliente.

De hecho, gracias a la implementación de procesos Lean Supply Chain en la cadena de suministro desde el momento de fabricación de un producto hasta que este llega a manos del cliente final (esto no solo incluye los procesos de fabricación, sino también todo el proceso de compra que se realiza en tiendas digitales o físicas, así como todos los procesos logísticos que acompañan la compra), lo que se consigue habitualmente es reducir los costes económicos, pero no la calidad.

De esta manera, lo que se logra es aumentar la satisfacción del cliente, puesto que obtiene productos de mejor calidad, que cumplen con sus expectativas y, al mismo tiempo, resultan más baratos, ya que se han suprimido de su elaboración aquellos procesos innecesarios que no le aportan valor.

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